Anécdota publicada originalmente en Facebook el 6 de enero del 2015.


El vagón del metro que acabamos de dejar era definitivamente mi tipo de vagón. En ese vagón pudimos haber hecho grandes cosas, tal vez un grupo de rock setentero, un colectivo de poetas urbanos o de perdida una gran fiesta.

Iba con la Diampira y con mi Blancanieves rizada. En General Anaya se subió un ruco con una morrita, traían cansancio, maletas y toda la onda. Algo en ellos me llamó la atención. La morra lo abrazaba con harto amor y que le dice “Bajé toda la discografía de Cat Stevens y descubrí que sólo me gustan tres rolas”. El ruco le dijo que no tenía toda la discografía, pero que le gustaban más de tres rolas (eso mismo yo lo yo descubrí hace unos años cuando la bajé) y comenzó a hablarle a la morrita sobre las rolas de Cat Stevens con una emoción que sería muy como la mía si hablara con la Diampira sobre Leonard Cohen o Tom Waits y quise poner atención a las canciones favoritas del ruco para ver si coincidían con las mías o para ponerles nueva atención a las suyas, pero no pude porque el tren había llegado a Ermita y se subió un tipo con un café y un pan en la mano y se sentó junto a mí y abrió su mochila, apretó algo y de ella salió un rock circense, era La noche de tres perros ladrando El show debe continuar. Mi Blancanieves y yo comenzamos a movernos al ritmo de la rola y la musitábamos cómplices de aquel transgresor egoísta que no consideró el gusto de los demás pasajeros para poner en su mochila Universal Stereo y alegrarnos las estaciones que faltaban aunque ya no supe cuales eran las rolas favoritas de Cat Stevens del otro ruco. Llegamos a Nativitas y al levantarnos sentí eso, que ese vagón era mi tipo vagón, vagón de vagabundos diría López, y sentí que en ese vagón hubiéramos podido hacer grandes cosas.

Me bajé con esa sensación y se lo dije a mi morra, que ese era mi tipo de vagón… Y ella que es bien chingona fisonomista me dijo «¿A poco no sabes quién era?» y yo puse mi cara de pendejo y de no mames porque entonces supe que ya sabía que el ruco que iba con la morrita era el Kazt, pionero del rock mexica, fundador de grupos legendarios y el cabrón con quien he pasado la velada más chingona guitarreando a Los Beatles sin conocernos apenas…

En realidad no hubiéramos hecho mucho en ese vagón, seguramente no un grupo de rock ni un colectivo de poetas, ni siquiera una fiesta y no hubiéramos llegado más allá de metro Cuatro Caminos, pero habría sido un gran viaje lleno de rock.

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