Publicada originalmente en El Increíble Show del Señor Paquidermo
el 5 de febrero del 2014.


En estos días he visto una gran cantidad de gente encabronada y desilusionada por ver a Bob Dylan en el comercial de Chrysler en el medio tiempo del Super Bowl XLVIII.

 

Dejemos de lado lo bonito que está ese comercial, si fuera gringo me habría sacado una lagrimita. Es más imagino que muchos de los detractores desilusionados tuvieron una erección hasta que vieron la firma de Chrysler. Entonces lanzaron los reproches:

«¿Bob Dylan haciendo un anuncio de coches? No es un buen día para América».
«Bob Dylan le mentó la madre a quien quiso, ahora puede volverse senil y loco».

dylan tristeEl joven Dylan está triste porque ya le dijeron lo que hizo el viejo Bob.

La razón: a la gente no le gusta descubrir que su ídolo piensa distinto a ellos. Gente que se rasga las vestiduras y se corta las venas porque descubre que su ídolo no comparte su escala moral. Solemos atribuir nuestros valores a otra persona sin conocerla. Así nos relacionamos con el mundo, nos formamos una idea de lo que nos rodea y cuando descubrimos que las cosas no son así respondemos a nuestra propia frustración alegando una traición imaginaria a una lealtad que sólo existía en nuestra cabeza.

«Quita esa rola, me caga Bob Dylan por pinche vendido» es la consecuencia más elemental de esta desilusión. Aún si fuera cierto que el Bob Dylan real piensa igual al Bob Dylan imaginario ¿qué pinche culpa tienen sus canciones?

Este fenómeno se llama metonimia, las propiedades de una cosa o idea son transferidas hacia otra por la relación semántica entre ellas. Nuestro lenguaje está plagado de estas asociaciones: «Regálame un vaso de agua», «Los puños de la camisa están muy percudidos», «Subastaron un Pollock», «¿Por qué lees a Sabines? ¡Era priista!».

Se me ocurre un ejemplo algo burdo que muestra claramente lo absurdo y cotidiano de estas asociaciones: Supongamos que un amigo mío fue entambado, digamos que, en el Reclusorio Norte sin culpa alguna y que por lo mismo fue liberado. Supongamos que al salir me dijo: «Está de la verga, manito y te advierto de una vez que si te veo en una patrulla voy a hacer como que no te conozco y espero que tú hagas lo mismo conmigo o con cualquier otro compa». Supongamos que le pregunté por qué y supongamos que me contó que en el reclu conoció a uno de los músicos de la Orquesta Guayacán, como suponemos que mi amigo es músico supongamos que encontraron afinidad y que platicaron ahí dentro. Supongamos que el muchacho de la orquesta está en chirona porque un amigo suyo estaba en una patrulla y pasaron cerca del músico, a éste se le hizo fácil saludarlo y a los policías se les hizo fácil parar la patrulla y detener también al músico. Ya en la patrulla conoció a un tercer sujeto, conocido del segundo, que estaba cambiando una llanta, pasa el amigo del músico y al ver a su compa en la faena le ayudó a cambiar la llanta… lo malo es que no era el  coche de ninguno de los dos. Pasó la patrulla y al ver a estos tipos robando llantas, pues los treparon. ¿Qué tiene que ver el músico de la Orquesta Guayacán? Pues nada, pero saludó a su amigo samaritano y los tres cayeron en el bote.

Absurdo ¿no?

¡Pues así se ve la gente que confunde los ideales con la vida del artista y a la persona con su obra! Sostengo que para emitir una crítica debemos analizar a la obra por sí misma, sin permitir interferencias de lo que sabemos o suponemos del creador. Estas influyen directamente en el gusto y la anécdota de una obra puede enriquecer nuestra admiración, pero estaremos parados en el campo de lo hipotético y construyendo una figura ficticia que se adapta y responde a nuestra ideología. Cuando llegamos a descubrir que la verdad es otra lo que se rompe es la relación que nos inventamos con lo admirado, no la persona, no la calidad de su obra.

Somos seres en construcción permanente, me siento estúpido al tener que escribirlo. Es muy iluso creer que la forma de pensar de alguien permanecerá intacta con el tiempo y es muy triste que nuestro aprecio por la obra o hechos de alguien dependan de la forma en que imaginamos que ese alguien concibe al mundo, es dejar de lado nuestro propio criterio estético. Ni qué decir de la forma en que amamos cuando nos enamoramos de alguien que sólo existe en nuestra cabeza.

«¿Cual es tu película favorita de Woody Allen?»
«El joven Bob Dylan vomitaría en la boca del Bob Dylan viejo por hacer anuncios de coches».
«Yo aventé mis discos de Cat Stevens por la ventana cuando se se hizo musulmán».
«Los poemas de Papasquiaro eran pura mamada, su mamá le mandaba un cheque cada mes».
«No me gustan las canciones de Silvio Rodríguez porque es de los pocos cubanos que tienen dólares para pagar su taxi».
«Recapacita, Justin, recapacita».
«Me caga cómo escribe ese Miauricio porque se ve que es bien mamón».

Me topo con estas expresiones a cada rato y aún no entiendo qué tiene que ver el contenido con el continente.

dylan sombreroA Bob Dylan le vale verga tu opinión porque tiene un sombrero chingón.

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