Palabras de Efraím Blanco, editor de Lengua de Diablo,
durante la presentación de El cuarto de triques en la FIL Zócalo, 2015.


Un conjuro ha logrado capturar en papel los versos y ladridos del palabrero chilango Miauricio Jiménez. Ahora los poemas son gritos que intentan escapar de las hojas, largas caminatas por la ciudad que buscan el modo de armar una revolución, llantos nacidos en el alma que dejan rastros en cada movimiento del cuerpo, en cada chasquido de los dedos y en cada centímetro de piel.

Y no ha sido fácil.

La historia del libro se remonta a la voz de Morocco. Aunque los textos nacen, como suele ser un buen parto literario, en el papel, ha sido la voz y la gesticulación de las palabras lo que ha llevado a cada uno de ellos a consolidarse, a existir.

No cabe duda de que los textos de El cuarto de triques se han forjado en la alquimia de la voz y el sonido de los pasos, los kilómetros recorridos, las paradas al colectivo, el metro, el ruido de la ciudad, el roce codo a codo con más caminantes, el slam poético con otros palabreros, de la urbanidad capturada en letras amnésicas, matando bichos, con resaca, entre cadáveres de magia, ya sea a la hora del tedio o en el camión de la mudanza, el día de tu boda y que falten imecas, con vocación de un cristo en la entrada al infierno de la colonia Escandón. Flores, cólera, hombres y niños, dolor, planetas, cometas, insectos, camas, gemidos y recuerdos que guarda el cuarto de triques.

Los textos que forman este libro son invocaciones personales del autor. Son la lucha contra los demonios personales, contra el pasado, el olvido, los instantes que se desvanecen en la memoria y la batalla continua por invocar letras, versos, poemas que tengan su propia voz y su propio universo.

Leer El cuarto de triques es tan sólo la mitad de la experiencia (la otra mitad es el autor, que ladra versos de viva voz y de cuerpo entero), sí, pero es también el modo más íntimo de conectarse con la palabra, la manera más sutil de apropiarse de los versos de un autor que no se guarda nada cuando crea, cuando interactúa desde un escenario; y es en esa intimidad propia de cada lector donde se forja la mejor vía de comunicación hacia la poesía. Cada verso es el rescate físico y real de una experiencia indescifrable, visible acaso a través del ritmo, del estilo, del campo semántico de un autor único que se confiesa a través de cada texto logrado del libro. Por eso El cuarto de triques es más que una experiencia personal, son letras nómadas que logran conjurarse en los ojos y en la voz de nuevos testigos, nosotros, los lectores, que recorremos junto al autor los pasos recorridos para que los versos —por fin— nos alcancen


IMG_20161222_155140Efraím Blanco es fundador y director de la editorial independiente Lengua de Diablo. Su libro Dios en un Volkswagen Amarillo le hizo merecedor del Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola en el 2012. Actualmente se dedica espiar al infinito mientras embarra de fantasía sus cuadernos. En su labor creativa le asisten el felino Banana Yoshimoto, el pequeño Joshua y el amor de cada día.

 

Share
Share