Orbito tus ojos
.           desde mi nebulosa.
Emito pulsares al vacío.

Acumulo estrellas en la punta de mis dedos
para dejar constelaciones
.                         en tu atmósfera.

Te quiero líquida en el centro,
con esa luz iridiscente que me alimenta.

Estoy cargado de asteroides,
.             cristales líquidos
que absorben noche y luz.

Te guardo una supernova bajo la lengua,
una estrella nueva,
.                         polvo de galaxias
perdido en las entrañas del espacio.

—Miauricio Jiménez, Nativitas, 2013.


Supernova fue publicado en la revista Guardaletras (2014).
Ilustración: Di (
ex professo para el poema y la publicación).
Música:
Photograph de Arcade Fire para la banda sonora de Her.

Amnesia

Eph me preguntó si había escrito algo de ciencia ficción, estaba buscando textos para una nueva revista cuyo primer número estaba dedicado a ese género, incluirían poesía, ensayo, cuentos, comics… yo no tenía nada, pero me comprometí a escribir un poema para la revista.

De pronto tenía deadline para escribir un poema de ciencia ficción. ¿Poesía de ciencia ficción? ¿Existe eso? ¿Cómo se hace? ¿Qué es la ciencia ficción?¿Qué es la poesía? Eso me pasa por hocicón.

El primer problema es que creo que la mejor línea de poesía de ciencia ficción ya fue escrito y publicado por Philp K. Dick en 1968: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Eso es todo, no hay nada que ver, el último cierra y apaga la luz). Es más, si tomamos los títulos de las obras de Ray Bradbury y los ponemos en rengloncitos tendremos un maravilloso poema de ciencia ficción. Yo no tengo nada que hacer ahí con mis pinches pretencioncitas ante este par de bestias hermosas y nobles que sí saben escribir… pero dije que lo haría.

Estaba frente a la computadora inhalando musas androides, buscando versitos cibertrónicos, (¿todavía es chévere decir cibertrónico, maese?) y tratando de crear un poemita que navegara impulsado por los vientos solares hasta los confines de la galaxia, que pudiera ser traducido al klingon, que fuera registrado en la Guía del Autoestopista Galáctico… (OK, ya me la mamé) un poemita que se hiciera pasar por algo digno y fuera aprobado por el consejo editorial de la revista Guardaletras.

El soundtrack elegido para mi hoja en blanco fue la suite de Los Planetas de Gustav Holst (gracias, Youtube) y de pronto… todo fluyó. Me nació una estrella nueva.
Fluyó tan chingón que al día siguiente se lo enseñé a Di, una compañera de la chamba, y se ofreció a ilustrarlo.

El poema fue aceptado y anda navegando con textos de ciencia ficción en Guardaletras. Me gusta mucho y parece que a los lectores también, pero yo me siento un estafador, un vil fraude cósmico, una estafa plutónica. Sé que no escribiré nada tan bello como Bradbury y que hacer el ejercicio de deconstruir sus títulos puede ser mi obra maestra, pero lo que me más me duele es que Supernova anda por las entrañas del espacio con el estandarte de ser ciencia ficción cuando no lo es, es simplemente estelar.

(“¡Estelar, camarada!” diría el Banda y entonces se me quita el resquemor).

MJM

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