(algo para leer dentro del féretro)

Si usted está leyendo esto es porque está legalmente muerto.

No grite, de todos modos nadie lo puede oír. En su defecto podría matar del susto a quien le escuche, tal vez a un ser querido durante su propio funeral. No creo que eso sea algo que usted quiera llevarse a la tumba… literalmente.

Mejor tranquilícese y respire poco. El aire no es barato en estos sitios, de hecho, ya hemos comenzado a reciclar.

¿Sabía usted que, antiguamente, enterraban a la gente con una cuerda atada a la muñeca y unas campanillas del otro extremo y fuera de la lápida? ¡Ah, que tiempos aquellos! ¿No es verdad que hubiera preferido vivir sin sin Internet, sin CD, PC, DVD, ni MP3 a cambio de haber sido enterrado con unas campanitas de aquellas atadas a la muñeca? ¡Bendita ignorancia! ¿No?

Imagino que dejaron de hacerlo por respeto a los sepultureros. ¿Se imagina una noche de viento en el panteón? No habría modo de sacarlos a todos para ver si alguno está vivo. A mí me causa gracia la imagen de un día lluvioso, las campanillas hacen fiesta porque todos los difuntos quieren escurrir lluvia por el descarnado…

Cambiando de tema. ¿Cómo está su manicure? Espero que sus deudos no hayan escatimado en esto, pues dicen algunos que cuando escasea el oxígeno le da comezón al ataúd y uno debe rascarle pronto la madera antes de quedar contagiado de esta roña y caer en la trampa de restregar la cara contra las uñas, esto sólo hace que el malestar penetre a los músculos faciales y se convierta en vitíligo o en maldeltopo.

El Síndrome del Topo, o maldeltopo, como se le conoce coloquialmente, consiste en la imperiosa necesidad de cavar, excavar y socavar. A veces la mafia italiana la provoca en sus condenados para que sean ellos quienes caven sus propias fosas y el sicario no ensucie su impecable Armani. Pero cuando un cataléptico la padece y se topa con la madera al intentar cavar, brota en él creencia de que la cura se halla en un punto no definido entre la epidermis y su calavera. Por eso es que suelen enterrar las uñas en su frente, justo debajo del cuero cabelludo, y trazan surcos desde ahí hasta la barbilla. También se sabe que cuando se trata de un músico nato se rasguñan pautas en el cuerpo.

Un buen manicure evita que los ojos se atoren en las uñas.

En realidad no sé porqué le estoy escribiendo esto si está muy oscuro para que usted lo pueda leer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(Nota: si usted ya está muerto, por favor haga caso omiso a la presente).


Literatura Cataléptica fue publicado en el número 6 de la revista Penumbria (2012).
Fotografía post mortem: Internet
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