Denominación de Origen

by Miauricio Jiménez

Nos trajeron el miedo a la puerta de la casa,
lo dejaron como un bulto tirado en la banqueta.

En la madrugada se oyeron balazos
.                    nos dijimos que eran cohetes,
le juramos a nuestros hijos que eran cohetes,
.                    quisimos creer que eran cohetes…
.                                                       pero era el miedo.

Era el miedo ladrando tan fuerte
.          que su estruendo atravesó las ventanas.
Era el miedo aullando tan alto
.          que su dolor nos erizó la piel
Era el miedo llorando tan profundo
.          que nos mojó el corazón y se impregnó en la médula.

Vaga por la calle como perro hambriento,
busca en nuestra basura algo de tragar.
No le damos de comer,
.                    pero lo engordamos callados.

No es de nadie y es de todos.

No le ponemos nombre propio
porque creemos que un día se irá,
que dejará la colonia,
.                              el estado,
.                                        el país.

El miedo a morir tiene denominación de origen,
lo dejan en la puerta de tu casa
y uno ni siquiera sabe quién carajos es el remitente.

*¡Bang!
.          —Dime qué es eso.
*¡Bang!
.          —Tienen que ser cohetes.
*¡Bang!
.          —Es la fiesta del pueblo.
*¡Bang!

Nos metieron la muerte en los ojos.
Nos aventaron a la cara
.                    la lengua de nuestros hermanos.
Nos rajaron el vientre para meternos un arbusto en llamas.

A la mañana siguiente
vemos al miedo en la primera plana,
chorrea las banquetas del barrio.

*Knock, knock, knock.
.          El miedo llamó a nuestra puerta
.                                        y lo dejamos entrar.

—Miauricio Jiménez, Chapultepec, 2017.


Foto: Miguel Dimayuga.
Diseño de audio: Airto Sánchez.

Después de vivir toda mi vida al amparo de la inseguridad cotidiana de la monstruosa Ciudad de México, fui a encontrar el miedo a morir en San Luis Potosí. El miedo a morir por una bala perdida, el miedo a morir por haber quedado en medio de un enfrentamiento, el miedo a morir porque el narco gana terreno y el Estado es insuficiente en el mejor de los casos y cómplice en el peor de los mismos. Morir a lo pendejo, porque nos atravesamos en el camino de una bala que tenía otro destinatario. Una noche escuchamos balazos, mi hermano y yo salimos de nuestros cuartos y nos encontramos en la estancia. Nos juramos que fueron cohetes, ambos protegíamos al otro, buscábamos calmarlo a expensas de una mentira… los fuegos artificiales no suenan así. Durante la semana siguiente leímos que hubo balazos en la colonia, que quisieron secuestrar a alguien. Las familias de abolengo dejaban San Luis, mansiones de media cuadra a la venta. Plomazos en el centro, muertos en mi trayecto cotidiano. «La letra» llegó a San Luis Potosí, ZLP.

Volví a Mi Ciudad, durante mi fuga dejó de ser la más insegura del país, creo que no bajó el crimen, subió en las demás ciudades. El Detritus Federal se volvió un refugio, especialmente para los periodistas de Veracruz que al retratar la verdad firman su sentencia de muerte. Malmirar al poder es ponerse la soga al cuello. En este refugio murió Rubén, él tenía miedo y le dijeron que esto era un bastión, que estaba a salvo, que las garras de la infamia no lo alcanzarían aquí. La muerte de Rubén tiene denominación de origen, a sus verdugos les pagaron con moneda veracruzana. Yo no lo conocí, pero vi la tristeza de un poeta que lo quiso demasiado, un hombre que le quiso brindar seguridad y no creyó la autenticidad de su miedo. «Mira las flores», le dijo Mardonio. Rubén ya no las puede ver.

En la tristeza de mi amigo poeta comencé este poema y se quedó un rato en el tintero. Se me atravesó Miedo de Charles Simic y me paralicé. ¿Para qué escribir sobre el miedo cuando Simic ya lo hizo de una forma hermosa? No le vi sentido, me encontré como una hoja en el árbol temblando ante la belleza. Pero la gente siguió muriendo por alzar la voz, por rozar la incomodidad del fuerte, del poderoso, del dueño de las balas y el dinero. Mataron a Miroslava frente a su hijo por incomodar al poder y eso me empujó un poquito para salir del estupor.

No servirá de mucho, no tengo el valor ni el alcance de aquellos… ni siquiera incomodo lo suficiente. Pero dejo este abrazo a los que seguimos diciendo que los balazos de anoche fueron cohetes porque en el fondo aún tenemos miedo.

MJM

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