Cada día me amanece una mujer
.                                   del otro lado de la cama
y es difícil levantarme de su lado,
siento que mi espalda brota de su pecho,
que es ella quien ha florecido en mi espalda.

Yo me cosecho cada mañana,
corto los brotes que nos anudan
y cubro mis nuevas ramificaciones.

Crezco al sol fuera de nuestra guarida
maduro frutos para la alacena.

Ella tiende sus ramas en el refugio,
convierte sus hojas en nuestro amparo,
.                      es su viente mi madriguera,
¡sus pezones florecen entre mis besos!

Yo vuelvo a su lado cada noche
porque tengo el corazón enraizado en su ombligo.

Entiendo mi piel como borde de su cuerpo
y me trozo las ramas que se aferran a ella,
las que crecen encaramadas a su espalda.

Pero la llevo a mi alrededor
.                                  en esporas que respiro.

Aunque despertemos en colchones diferentes
ella amanece junto a mí
esparcida en polen sobre mi almohada,
yo amanezco deshojado sobre la suya.

Porque no importa dónde duerma
cada día amanezco
.                      del otro lado de la cama
.                                                          de esta mujer.

—Miauricio Jiménez, Nativitas 2015.


Publicado en El cuarto de triques (Lengua de diablo, 2015).
Ilustración: Colette Calascione.

Colette
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