Llegamos con la vida en cajas
y llenamos la casa de cosas,
muebles, discos, libros.
La mesa por aquí,
.                       la tele pa’llá,
que el estéreo suene en todos lados.
Los platos en esta gaveta,
.                       los vasos en aquella,
pon el café siempre a la mano.

Adornamos las paredes con dibujos,
.               rayones,
.                   pedazos de poemas.
Desde aquí el espejo parece un cuadro…

Las cajas se vacían,
los cajones se llenan de papeles,
cuadernos, ropa, recibos,
y la casa vacía y ajena
se llena de nosotros,
.        de nuestros humores,
.                   nuestros besos,
.                         nuestras peleas
y de pronto una casa cualquiera
se vuelve nuestra casa,
con nuestros clavos,
.          nuestras manchas,
.                  nuestras cortinas
.                         y nuestra basura.

Pero a veces llega el camión de la mudanza
y nos piden guardar de nuevo
.                           nuestra vida en cajas,
.                    quitar nuestros cuadros,
.            guardar nuestros libros,
.      sacar nuestros olores
y vaciar la casa,
quitarle a la casa nuestra casa.

¡Carajo!
¡La mudanza es una perra
y un hijo de puta su camión!
¡Es imposible guardar todo en cajas!
Siempre se pierde algo,
un disco, un libro, un papel,
un algo que no sabes ni qué es
hasta que te hace falta.

Y al entregar la casa vacía
siempre se deja algo,
un clavo donde colgarán una réplica de la Última Cena,
una mancha que será borrada,
y ese algo que que no cupo en una caja.

Por eso duele volver a casa
cuando ya no es nuestra casa.


El Camión de la Mudanza fue publicado en El cuarto de triques (Ed. Lengua del Diablo, 2015).
Fotografía: Miauricio JIménez.

Amnesia
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