Captura de pantalla 2016-12-27 a las 6.38.30 p.m.De pronto, así nomás, uno tranquilito caminando por la calle y como a las ocho cuadras te das cuenta que hace como quince que el concreto te va mordiendo los pies. Y uno pone su mejor cara de ah chingá para descubrir un bujerito en el pinche zapato… En esos momentos la sucesión del pensamiento va de la cartera al calendario y siempre, siempre falta un chingo para la quincena. Ni pedo a acostumbrarse al dolorcito pues ni pa’l zapatero remendón alcanza… Uno busca maneras de torcerse el pie quesque pa sentirlo menos y seguir caminando con el hoyito jodedor hasta que llegue el sueldo, pues los otros papos están igual de jodidos. «¡Claro, ps por eso los dejé de usar! y hasta me encariñé con estos que antes no me gustaban»Pero nel, llega la raya y con ella los pagos, los gastos, la lechita pa’l bebé, los cigarros pa’l disfraz y otras pendejadas pa’ seguir viviendo otro ratito. Y los cacles, ya cuatísimos del bújero se dejan seguir mordiendo por la calle, pa’ que pruebe rico el sabor a calcetín, y el bujerito se convierta en señor Hoyo (¡buenas tardes!), y el señor Hoyo en una señora Grieta (¿cómo le va?) que de pronto, así nomás, se lo devora a uno…

Y ustedes… ¿Cómo llegaron aquí?

—Miauricio Jiménez, Coyoacán, 2009


Bujerito fue publicado en el número 3 de la revista Síncope (2009).
Ilustración: Hugo Morales (para
Síncope).

 

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