Anécdota publicada originalmente en Facebook el 30 de julio del 2017.
(Ilustración tomada de
Petites Luxures)


 

Anoche, después de que las chicas se durmieron, sonó mi teléfono. Era Él (omitiré deliberadamente su nombre). Me invitó a su casa a ver un video que no pretendían volver a poner, pero querían mostrarme. Yo sólo estaba escribiendo y la verdad ya me había bloqueado, accedí a visitarles y ver el mentado video.

No estaban solos, había otra pareja con ellos. Lo abracé a Él, la besé a Ella (también omitiré su nombre deliberadamente), me presenté con los demás. Supe que me esperaban impacientes para ver el video. Ella le dio play a YouTube: El video era extraño y perturbador, del tipo de Obedece a la Morsa. Las imágenes estaban pensadas para incomodar y el sonido para alterar. Terminó y la otra pareja se despidió con algo de prisa, quizá un poco de incomodidad y vergüenza.

Él se levantó para acompañarlos a la puerta, Ella me ofreció una cerveza. Mientras se iban entró el roomie de mis anfitriones, saludó con indiferencia como siempre y se metió a su cuarto. Él volvió y yo les pregunté si habían visto X corto de Švankmajer. Era obvio que sí. Me sentí un poco tonto por preguntarles eso. Él insistió en ponerlo y nos dimos a la tarea de buscarlo en YouTube. No lo encontramos.

Ella puso algo de Dead can Dance y Él se levantó al baño. Ella aprovechó su ausencia para acercarse a mí. Me levantó del sillón y se repegó a mi cuerpo. Yo estaba nervioso, ni siquiera sabía que se podía bailar con esa música. Ella me dijo que me dejara llevar.
—Él está en baño —le dije.
—Ya lo sé —me respondió—, y esto también lo sabe Él.
Me dejé llevar por el vaivén de su cuerpo al compás de la música.

—¡No mames, Ella! —un grito interrumpió nuestro trance— No chingues, ya vas a empezar con tus cosas.
Era el roomie enfadado. Intenté separarme, pero ella me detuvo, apretó su abrazo y me pidió que lo ignorara. Tras el alboroto salió Él del baño, nos miró bailar lentamente y le dijo al roomie que no mamara, que no era nadie para reclamar. Hasta lo enfrentó preguntándole por qué se ponía tan celoso.
—No estarás enamorado de Ella ¿o sí?

En ese momento Ella y yo ya estábamos compartiendo lenguas y caricias lentas.
—¡Míralos! ¡Se burlan de ti, Él! —protestó el roomie.
—La única burla es el ridículo que estas haciendo, vete a dormir Roomie.
El roomie se fue y Él se nos acercó despacio, nos abrazó compersivo y metió su beso en medio de Ella y de mí.

De pronto escuché un maullido a mi lado. Lucía me despertó exigiendo su sobre a pesar de que le tocó ayer…
Ella y Él se desvanecieron y yo ni siquiera sabía que me gustaban.

Captura de pantalla 2018-04-13 a la(s) 11.29.57

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